Bienvenido a la jungla

“Bienvenido a la jungla o Welcome to theJungle”, es una canción de la banda estadounidense Guns N’ Roses, que trata sobre cómo el grupo veía a la ciudad de Los Ángeles; dicho título podría utilizarse también para el mundo de la moda, más precisamente, el de los talles.

Es común ver –mejor dicho, no ver-  lugares que brinden la cantidad de talles necesarios para todo tipo de cuerpos, dejando en evidencia cómo piensan las grandes marcas y cómo pensamos los seres humanos. ¿Por qué una persona con unos kilos de más no puede comprarse un vestido, un jean o una remera de aquella “X” marca súper conocida? ¿Es necesario tener tal tipo de cuerpo para estar a la moda?

Ni hablar de la mala atención que muchas veces uno recibe cuando ya de entrada ingresa en el local y percibe todas esas miradas acusadoras que solo generan incomodidad, acrecientan la inseguridad personal y dan ganas de darse la vuelta y salir corriendo. Pero no, uno se hace fuerte, respira profundo y entra, aunque cueste, aunque genere pánico. ¡Ya sé que soy flaco! ¡ya sé que tengo cinco o diez kilos de más! ¡Déjenme en paz! ¡Soy una persona, solo quiero comprar una maldita remera que haga juego con el pantalón que me regalaron sin tener que sufrir tanto! Y cuántas veces te habrá pasado de que te digan, “disculpe, no tenemos en ese talle”.

Aclaración importante: no en todos los lugares los empleados son despectivos, pero sin dudas que todos alguna vez hemos pasado por situaciones similares y sabemos de qué se trata lo que expresa este texto.

Superando la primera etapa de ingresar al local, soportar la catarata de miradas acusatorias y juzgadoras, asimilar que no vamos a tener en nuestro talle esa prenda de vestir que vimos en la vidriera y que tanto nos volvió locos, y una vez elegida otra que no termina de satisfacer totalmente nuestras necesidades, viene el siguiente paso, la prueba de fuego: el enfrentar a nuestro amigo –y muchas veces enemigo- el espejo.

Partamos de la base que el 99,9% de los probadores son incómodos, pequeños, la luz no es la mejor, algunos ni siquiera tienen una percha para colgar la ropa y en otros la cortina jamás cierra del todo, por lo que tenes que ir acompañado de otra persona para que se quede teniéndola así no se abre y te vaya pasando la ropa, ¡qué molesto! Pero bueno, ya estamos dentro y haciendo maniobras como si tratáramos de bailar alguna extraña danza de algún país recóndito en el mundo, nos terminamos de poner la prenda. Cerramos los ojos y sin muchos ánimos, los abrimos, lentamente vamos subiendo la cabeza y enfrentamos ese duelo contra nosotros mismos una vez más.

Si tenemos suerte y a primera vista nos gusta cómo nos queda, no tardamos más de unos minutos en salir, en caso contrario, vamos por la siguiente prenda en caso de haber seleccionado una más y así sucesivamente. Seguro vamos a querer una opinión –como sucede en la mayoría de los casos ya que no nos convence cómo nos queda- por lo que consultamos con la persona con quien fuimos o si nos animamos, con el vendedor o vendedora, que, si es buena, no dirá que nos queda bien o será sutil para decirnos que no es la prenda adecuada para nosotros.

Ahora pueden pasar tres cosas, nos vamos con una prenda que si era la que queríamos milagrosamente y afortunadamente nos queda bien; nos llevamos una que no fue la que seleccionamos y no nos satisface del todo, pero medianamente nos gustó y la compramos; o podemos salir del lugar con las manos vacías y un montón de preguntas en nuestra cabeza, quizás hasta un poco decepcionados de nosotros mismos, porque sabemos que no es la primera vez que esto sucede. 

A lo largo de la historia fueron cambiando los estereotipos y actualmente los estándares de lo que se denomina “moda” no contemplan a las personas con algún kilo de más o varios de menos, algo que poco a poco va cambiando y que espero siga así, aunque hay mucho todavía en esa materia para aprender y evolucionar.

¿En qué momento pasamos a ser solamente un cuerpo en lugarde que nos valoren por nuestra forma de pensar y actuar? Me opongo firmemente a que nuestros cuerpos sean vistos como objetos y más aún como la definición exacta de quienes somos. Somos más que un pedazo de carne, somos seres humanos que pensamos, sentimos, reímos y tenemos el derecho de vestir y hacer lo que queramos, siempre y cuando no molestemos a los demás.

En el marco legal, fue promulgada el 18 de diciembre de 2019 la Ley 27.521, denominada “Sistema único normalizado de identificación de talles de indumentaria”, que trata de la regulación de los talles, es decir, que los talles sean iguales en todos lados, más precisamente que “X” talle se corresponda a “X” centímetros.Teniendo en cuenta el comienzo de la pandemia por COVID-19, la norma se reglamentó recién en junio de 2021. Desde marzo de este año, la tabla de talles está establecida.

Aunque la Ley se cumpliera en su totalidad, estaríamos muy lejos aún de que en cada tienda haya una misma prenda de vestir en diferentes talles, por lo que recomiendo que no se dejen engañar por las modas, por lo que ven en la televisión y en las publicidades. El cuerpo perfecto no existe. O quizás sí, pero no hay un modelo en particular que todos debamos tener o lograr. Todos somos personas, seres humanos, cada cuerpo es perfecto como es, sin necesidad de cambiarle absolutamente nada, salvo que comprenda cuestiones de salud. Disfruten de su cuerpo, rompamos con esos estándares de belleza que no nos dejan vivir tranquilos, la belleza es subjetiva, no a todos nos gusta lo mismo, pero lo principal es que nosotros mismos nos gustemos. La verdadera belleza está en las ganas que le ponemos a la vida, en si te paras para ayudar a una persona mayor a cruzar la calle o si llegas a un lugar y sabes decir “buen día”, “gracias” o pedir “por favor”, esa es la verdadera belleza.

Por: Lucas Flores #SanLuisVip