Fisheye, donde empieza la imaginación
Con 35 años de trayectoria, Fisheye se consolidó como uno de los comercios más emblemáticos de la ciudad de San Luis. Detrás de este espacio lleno de color, creatividad y tradición estuvo Delia Ponce, quien contó que su pasión por la fotografía fue el origen de un proyecto que supo reinventarse y crecer con el paso del tiempo.

Fisheye abrió sus puertas en 1989 como un local de fotografía. Su nombre, explicó Delia, hizo referencia al “ojo de pez”, una lente fotográfica que deforma la imagen en 180 grados, tal como ven los peces. En aquellos años, recordó, se dedicó de lleno a la fotografía social, una de sus grandes pasiones. Sin embargo, dijo que al quedar embarazada de su hija Luciana decidió dejar ese ámbito y continuar con la fotografía artística de manera más íntima, mientras comenzó a incursionar en el rubro de la juguetería y la regalería.
Con el paso del tiempo, Fisheye se transformó en lo que muchos identificaron como “un mundo para chicos”. El local ofreció una amplia variedad de productos, entre ellos mochilas, disfraces, remeras, tazas, termos y globos para festejos, todos de primera calidad y pensados para acompañar momentos especiales de distintas generaciones.
La atención personalizada fue uno de los pilares fundamentales del comercio. Delia afirmó que Fisheye funcionó siempre como una gran familia y destacó que muchos clientes acompañaron al negocio durante décadas. Señaló que primero llegaron los padres, luego los hijos y más tarde los nietos, convirtiendo al local en una verdadera tradición para muchas familias sanluiseñas.


En cuanto a la adaptación a los cambios, contó que el negocio no se quedó en el tiempo y que la incorporación de las redes sociales permitió ampliar el público y atraer nuevos clientes. Indicó que en ese proceso sus hijos, Luciana y Valentín, cumplieron un rol importante, asesorándola y acompañándola en la transición hacia lo digital.
“No fue fácil mantenerse”, expresó Delia, al recordar las distintas crisis económicas atravesadas a lo largo de estos 35 años. Sin embargo, destacó que la constancia, la empatía con el cliente y la calidad de los productos permitieron sostener el emprendimiento. Remarcó que cuando una persona disfruta de lo que hace, eso se transmite y se refleja en cada detalle de la atención.

Respecto a la fotografía, contó que continuó presente en su vida, aunque de una manera más reservada y personal. En cambio, señaló que la juguetería fue el rubro que la acompañó día a día y que siempre le generó entusiasmo y bienestar.
Finalmente, Delia Ponce afirmó que cerró el año con fuerza y optimismo, agradecida por el camino recorrido. Sostuvo que Fisheye no fue solo un comercio, sino parte de la historia cotidiana de San Luis, construida a base de pasión, trabajo y calidez humana.